ENERGÍA NUCLEAR: EL PODER DEL ÁTOMO

RIESGOS DE LA ENERGÍA NUCLEAR



Desde que la humanidad tiene acceso a la tecnología nuclear ha entrado en una nueva era de avances y de peligros, y como con cualquier otro avance está sujeto a un largo proceso de aprendizaje plagado de desastres que nos ayudan a mejorar. Sin embargo, la energía nuclear tiene la cualidad especial de que los desastres tienen consecuencias globales y pueden marcarnos durante siglos.

Un desastre nuclear implica la contaminación del terreno inmediato durante siglos y la contaminación ambiental es arrastrada por los vientos, contaminando las inmediaciones durante años. Las precipitaciones arrastrarán hasta el suelo las partículas contaminadas, acumulándolas allí donde va el agua, como márgenes de carreteras, acequias, aguas subterráneas y ríos.

Los seres vivos que no sufran una radiación directa la irán absorviendo a lo largo del tiempo, ya sea por las emisiones del ambiente o por ingestión de alimentos, provocando diferentes enfermedades y lesiones que pueden ser transmitidas de generación en generación. Los materiales inertes también sufren por la radiación, produciendo un envejecimiento prematuro y acelerando su desgaste y volviéndolos quebradizos.

La radiactividad tiene efectos caprichosos y se reparte por el entorno de forma aparentemente aleatoria, de tal forma que en cuestión de metros pueden observarse grandes fluctuaciones; de igual forma la contaminación en áreas de varios kilómetros se presentará en forma de manchas con más o menos radiación. Esto es debido a la diferente absorción de los materiales, el viento, temperatura, reflejo de superficies… y una multitud de factores que lo hacen poco predecible.

Igualmente, un mismo foco de radiación afecta de forma diferente a unos individuos que a otros, y dentro del organismo afecta a unos órganos más que a otros. No obstante, grados bajos y constantes de radiación favorecen el crecimiento de organismos vivos.

Por otro lado, los isótopos radiactivos influyen de forma decisiva en el grado de contaminación del entorno, ya que mientras unos tienen una vida de pocos segundos (los liberados en forma de gas en las centrales nucleares en caso de emergencia), varios días (en el yodo es de unos 30 días) o años (cesio 137 unos 30 años), hay otros que permanecen miles de años (plutonio unos 20.000 años). Pese a conocer todos los riesgos los accidentes ocurren, ya sea por causas naturales, desconocimiento o incluso por descuido, y parece que no siempre se aprende de los errores o que son escondidos y silenciados, lo que conlleva irremediablemente a repetirlos.

Todos recordamos el accidente de Chernobyl y el reciente de Fukushima; quizás alguien más avispado recuerde uno o dos a lo sumo, pero realmente han sido muchísimos más. En este artículo no se hace referencia a contaminaciones “no accidentales” debidas a asesinatos (el caso conocido del espía contaminado con Polonio es uno entre varios), tests (por ejemplo con soldados durante pruebas de explosiones nucleares (vídeo de prueba nuclear; a partir del min. 2:00) o ensayos (como la contaminación masiva de los habitantes de las islas Bikini).

Nosotros nos centraremos en los casos "accidentales".

Al igual que con estos, el público en general desconoce la gran cantidad de pruebas atómicas que se han llevado acabo en el s. XX y no sería capaz de afirmar que llegan a la centena cuando han sido más de 2.000. Aquí lo vemos en un vídeo.

Tragedias en almacenamiento de material radioactivo:

- En septiembre de 1987, los habitantes de Goiania, una ciudad brasileña, encontraron una máquina desconocida abandonada en un vertedero. La abrieron y hallaron en su interior un polvillo azul. La tradición de la pintura corporal debió marcar el comportamiento de los brasileños, pues muchos de ellos se embadurnaron con él. Un mes después se empezaron a producir las primeras muertes. Aquel polvillo era cesio 137, un material altamente radiactivo que debería haber estado almacenado bajo estrecha vigilancia. El Gobierno brasileño se vio obligado a poner a toda la población bajo control radiológico. Casi 300 personas se vieron afectadas. Los que murieron a causa de la radiación fueron enterrados en ataúdes de plomo de 608 kilos bajo varias capas de cemento.

- En los almacenes radioactivos rusos también se han producido accidentes muy graves. El vertido de residuos al río Tetcha, durante el periodo 1948-1951, supuso la contaminación de 124.000 personas y la evacuación de otras 7.500, que ocupaban suelos altamente contaminados.

- El accidente más grave se produjo el 29 de septiembre de 1957 en la planta de almacenamiento de Kishtim, cuando al explotar un contenedor con 160 m3 de residuos, contaminó con unos 2 millones de curios una superficie de 1.000 km2. El accidente obligó a la evacuación inmediata de 10.700 personas. El secreto oficial ha impedido conocer el número de víctimas del accidente. Los materiales radiactivos acumulados en el lago Karachai se dispersaron con la sequía de 1967; como consecuencia, 1.800 km2 resultaron contaminados.

- El 20 de abril de 1973 nadie prestó ninguna atención particular al tanque (depósito) 106 T en el área 200 Oeste de la Reserva de Hanford (EE.UU.). Construído con hormigón reforzado con un alineamiento de acero al carbono en su fondo y en los lados, era cilíndrico de forma, de unos 23 metros de diámetro y 10 de profundo y estaba hundido en el suelo con unos dos metros de tierra sobre su techo en forma de cúpula. El tanque 106 T contenía residuos radiactivos de alta actividad procedentes de la planta de reprocesado de combustible Purex con alrededor de 1,5 millones de litros, principalmente en forma líquida. Entre el 20 de abril y el 8 de junio, el tanque 106 T dejó escapar al suelo más o menos 435.000 litros de líquido absolutamente radiactivo conteniendo aproximadamente 40.000 curios de cesio 137, 14.000 curios de estroncio 90 y 4 curios de plutonio.

- A comienzos de abril de 1993 se desencadena un grave accidente en el depósito de residuos radiactivos de Tomsk. El 18 de julio del mismo año se produjo otra fuga radiactiva en la planta de Tcheliabinsk, que también procesa residuos radiactivos; el 2 de agosto, otro accidente en el almacén de Tcheliabinsk 40.

Tragedias en transporte de material radioactivo:

También el manejo es peligroso:

- En marzo de 1956 tuvieron lugar unos graves sucesos cuando se hundió un avión B-47, que se dirigía a Florida con dos cabezas nucleares.

Avión B47
Avión B47

- En enero de 1961 un bombardero B- 52 se estrella cargado con dos bombas nucleares de 24 megatones, mil veces más potentes que la de Hiroshima, en Carolina del Norte.

- En 1968 un bombardero B-52 con cuatro bombas atómicas se estrella al aproximarse a la base de Thule en Groenlandia, el incendio provoca una dispersión de plutonio contaminante.

En el caso de submarinos son muy pocos los casos dados a conocer:

- En mayo de 1968 el submarino USS Scorpion (SSN- 589), con una tripulación de 99 personas, se hunde con dos torpedos nucleares Astor a 400 millas de las Azores.

- Transportando material radioactivo también se hundió, en marzo de 1968, el submarino del tipo Yankee 2 (K- 129), con casi 100 víctimas.

- En abril de 1970 se hundió en el Golfo de Vizcaya el submarino November (K-8), pereciendo 52 personas.

- El Gobierno británico autorizó el transporte clandestino, en vuelos regulares, de residuos radioactivos en cajas que viajaban como "valija diplomática". No se conocen accidentes.

- El 25 de agosto de 1984, en el Canal de la Mancha, colisionaron el transbordador alemán Olau Britannia, con 935 pasajeros a bordo, y el carguero francés Mont Louis, propiedad de la Compagnie General des Matiéres Nucléaires (COGEMA) y de la sociedad eléctrica belga Synatom, cargado con 375 toneladas de hexafluoruro de uranio, repartido en 60 contenedores. La alarma cundió en el Canal. Los trabajos de recuperación de los depósitos del carguero zozobrado duraron hasta el 4 de octubre.

- Un ejemplo más de lo arriesgado de los transportes radioactivos lo proporciona la "odisea" del Akatsuki Maru, que entre noviembre y diciembre de 1992 transportó tonelada y media de plutonio desde Cherbourg (Francia) hasta Tokai (Japón). Una singladura de 25.000 Km. sin escalas porque numerosos países cerraron sus fronteras al que se denominó "Chernobyl flotante", incluidos países con centrales nucleares, como Brasil, Argentina o África del Sur.

En España tenemos uno de los caso más graves:

El 17 de enero de 1966 se produjo la colisión en vuelo de un bombardero B-52 de la base de Symour Johnson, con cuatro bombas atómicas de 1,5 megatones a bordo, y un avión nodriza KC- 135 procedente de la base de Morón, sobre el pueblo de Palomares (Almería). El accidente se produce a 9.000 metros de altura y los restos se dispersan en una zona de 260 km2.

Afortunadamente la explosión atómica, que hubiera sido equivalente a 6.000 bombas como la lanzada sobre Hiroshima, no se produjo. Los detonadores de dos bombas explotaron en la caída, dispersando sobre los campos de Palomares contaminación de plutonio. Los informes oficiales reconocían que ciudadanos de la zona habían quedado contaminados por Plutonio. Aún en 2011 la zona está acotada y el Gobierno estadounidense sigue recogiendo tierra contaminada.

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